‘Diamantes en bruto’ —’Uncut Gems’— es una bomba de relojería. Un prodigio fílmico que eleva todo lo que nos ofrecieron los hermanos Safdie en la espectacular ‘Good Time’, convirtiéndose en un clásico moderno que pone a prueba la capacidad de resistencia del espectador, insuflándole una buena dosis de adrenalina y ansiedad con una narrativa asfixiante y caótica —en el mejor sentido de la palabra—.

Para alcanzar tales niveles de nervio y evitar que decayesen en ningún momento, además de a un montaje soberbio, cortesía de Ronald Bronstein y el propio Benny Safdie, el dúo de cineastas neoyorquinos se aferraron a dos grandes pilares: la libertad de movimiento e improvisación de los actores y una dirección de fotografía, capitaneada por Darius Khondji, tan arriesgada y complicada de ejecutar, como sobradamente efectiva.

La vorágine cinematográfica de ‘Diamantes en bruto’, marcada por un rodaje en el que se prescindieron de las marcas de posición para los intérpretes, las lentes de focales largas —para, entre otras cosas, evitar incomodar a los actores con el equipo—, los zooms imposibles y el movimiento constante de cámara y reparto, sólo podría ser catalogado como un auténtico infierno en vida para los foquistas.

Si tenemos en cuenta la regla que indica que, a mayor distancia focal, menor será la profundidad de campo —hablando en plata, la distancia anterior y posterior al punto a foco de una imagen—, imaginad hacer un plano de seguimiento a toda velocidad con un 85mm, en un plano corto, e intentar clavar el enfoque en todo momento.

Según Chris Silano, el primer ayudante de cámara de la producción, «el margen de error en estos closeups tan cerrados es inferior a dos centímetros y medio» y, considerando que esta fue la tónica general de la filmación, es complicado pensar cómo el departamento de fotografía terminó cuerdo y llevó a buen puerto su tarea.

El secreto, como en muchos otros casos, se encuentra en la tecnología. Más concretamente en lo que podríamos catalogar como la gran arma secreta de la dirección de fotografía de ‘Diamantes en bruto’: un dispositivo llamado Light Ranger, cuya segunda versión permitió a los Safdie, a Khondji y a sus asistentes brindarnos unas imágenes sugestivas, espectaculares y, lo que es más importante, con un enfoque preciso y claro cristalino.

Light Ranger: el autofocus para producciones cinematográficas

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Los que estamos acostumbrados a trabajar diariamente con cámaras de usuario medio, por así decirlo, tenemos asimilada la presencia del bendito autofocus. No hay duda de que avances tecnológicos como el magnífico Dual Pixel Autofocus que presentó Canon en 2013 de la mano de su 70D nos han hecho la vida muchísimo más fácil para algunas tareas; pero cuando hablamos de rodar cine o de proyectos «profesionales», lo automatizado no es una opción.

Está claro que la precisa mano de un buen foquista armado con un follow focus es la mejor herramienta posible a la disposición de un director de fotografía que busque un enfoque orgánico, fluido y preciso; pero Howard Preston, conocedor de la gran complejidad de esta tarea y de la falta de ayudas visuales que suele tener el encargado de realizarla, tuvo una visión a finales de los 80: el Light Ranger.

Según el propio Preston, «La idea era un dispositivo que cualquier encargado del trabajo de ajustar el foco pudiese utilizar, y que no necesitase la contratación de un especialista. Algo asequible, viable para su utilización en set, algo que entrase en un maletín». Una suerte de autofocus para producciones cinematográficas gracias al cual, apretando un sólo botón, el foquista tendría al sujeto enfocado mientras mantuviese un punto de mira sobre él.

Después de varias versiones beta lanzadas y testadas a lo largo de la década de los 90, el Light Ranger debutó en el drama deportivo ‘Sin límites’, estrenado en 1998, donde fue empleado para afinar el foco en los planos cortos de las piernas y los rostros de los corredores, rodados con lentes de gran distancia focal. El resultado fue tan sorprendente que captó la atención del mismísimo Tom Cruise, que se encontraba produciendo ‘Eyes Wide Shut’, y que creyó que podría ser útil para el rodaje. Poco después, Stanley Kubrick contactó con Preston.

«‘Eyes Wide Shut’, já, es una historia graciosa. Stanley me llamó, lo que fue una gran sorpresa. No me lo creía, como es lógico. Estuve unas semanas con él en Londres durante el rodaje, y fue una experiencia maravillosa. Pero no logramos que funcionase, porque su aproximación cambió ligeramente desde hablamos hasta que empezó a rodar. Terminó usando lentes que no necesitaban el Light Ranger. Hablamos sobre cómo utilizarlo en su siguiente película pero, desgraciadamente, nunca tuvo la oportunidad».

Without Limits

Después de este pequeño varapalo —y del privilegio de poder haber compartido set con el maestro—, Preston continuó desarrollando e ideando mejoras para su Light Ranger:

«Me di cuenta de que lo que facilitaría realmente el trabajo del foquista sería visualizar el volumen completo del set, no sólo un punto. Hablaba en términos del uso de la rueda de enfoque, la interfaz entre el foquista y la lente, con el objetivo de tener un conocimiento exacto de en qué dirección y cuánto movimiento de la rueda se necesitaría para tener el sujeto a foco. La diferencia fue medir la profundidad simultáneamente en múltiples puntos en lugar de hacerlo en un único punto».

Light Ranger 2: el mejor amigo del foquista

En 2014, tras más de dos décadas de trabajo, Howard Preston dio a luz el nuevo y mejorado Light Ranger 2, cuyo funcionamiento es algo más intrincado. Tras conectar el dispositivo a la cámara, este divide la imagen mediante una línea horizontal. En el eje vertical, distribuidos de izquierda a derecha, hay una serie de dieciséis rectángulos cuya posición determina si el área que ocupan está detrás, delante o en el punto exacto de enfoque. Si están detrás, aparecerán por encima de la línea horizontal; si están delante, lo harán por debajo; y si están en el punto de foco, aparecerán de color verde, atravesando la línea horizontal —en el vídeo que hay sobre estas líneas podréis verlo más claro—.

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Antes de trabajar en ‘Diamantes en bruto’, Chris Silano ya tuvo la oportunidad de poner las manos encima al Light Ranger 2, y de sufrir con su curva de aprendizaje y su compleja interfaz. Fue en el rodaje de ‘El gran showman’ de Michael Gracey, donde también participó como ayudante de cámara.

«Maldije al Light Ranger 2 durante dos días. ¿Recuerdas la primera vez que intentaste operar un GPS conduciendo un coche? El mapa se empieza a reorientar, te pierdes la salida que tenías que coger, empieza a avisarte de que está recalculando, y tu estás en plan, ‘espera, ¿qué cojones está pasando?’. Es algo así».

Pese a todo, los comprensibles cabreos de Silano terminaron mereciendo la pena. Como muestra de lo que hizo posible el Light Ranger 2, tenemos un primer plano de Zendaya, oscilando en un trapecio en dirección a cámara, en el que sus ojos permanecen en todo momento enfocados mientras su nariz y sus orejas están ligeramente fuera de foco, creando una imagen asombrosa y muy difícil de ejecutar.

El Light Ranger 2 en ‘Diamantes en bruto’

Uncut

[Aviso: A partir de este punto hay spoilers de ‘Diamantes en bruto’. Continuad leyendo bajo vuestra responsabilidad.]

Cuando Chirs Silano firmó para trabajar junto a Darius Khondji en ‘Diamantes en bruto’, no dudó ni un segundo en llevar el Light Ranger 2 bajo el brazo y en presentárselo al resto del equipo que no lo conocía para intentar tranquilizarles de cara al arduo rodaje que tenían delante.

Inicialmente, reinó el escepticismo. A buena parte del departamento de fotografía le chocó la idea de utilizar este tipo de tecnología punta, ideada para su uso óptimo con cámaras digitales, para rodar con equipamiento analógico en 35. Antes de ponerse manos a la obra, Silano y compañía tuvieron que adaptar las Arricam LT y ST con las que filmarían; pero una vez manos a la obra, el Light Ranger 2 fue una auténtica delicia hasta para los primerizos.

Uncut Gems Behind The Scenes

La otra ayudante de cámara, Olga Abramson, calificó al Light Ranger 2 como el nuevo mejor amigo del foquista, y habló sobre las sensaciones que se sentían en set al trabajar con los Safdie:

«Lo reconocimos [al Light Ranger 2] inmediatamente como una herramienta increíble y de un valor incalculable, porque hicimos el blocking y los ensayos sin tener que utilizar marcas. Los Safdie tenían una idea para cada plano, lo hablaban con los actores y los operadores de cámara, pero buena parte de todo esto se hizo sobre la marcha. Cada plano fue emocionante. Mis recuerdos de trabajar en esa película son recuerdos de mi corazón saliéndose de mi pecho».

Como se extrae de las palabras de Abramson, y tal y como vimos al inicio de este artículo, el rodaje de ‘Diamantes en bruto’ fue un pequeño calvario a nivel técnico, pero nada mejor que un ejemplo para ilustrarlo. Probablemente, uno de los momentos en los que el Light Ranger 2 más demostró su valía en set, es en el plano en que el cadáver del personaje de Adam Sandler se ve reflejado en el techo de su tienda, con zoom inclusive. Una pequeña obra de arte que Josh Safdie explicó de esta manera al medio InputMag:

«En un momento del film, hay un plano con zoom de Sandler reflejado en el techo.La superficie tenía múltiples curvaturas y dobleces, haciendo casi imposible enfocar la cara de Sandler. Mientras la cámara hacía zoom en el espejo, Chris tuvo que navegar ese campo de minas focal y toda la información que el Light Ranger le estaba dando. Eligió un plano focal que distorsionaba la cara de Sandler y acentuaba su boca y sus dientes hasta hacerlos parecer como una máscara. La imagen terminó convirtiéndose en algo surrealista, ligeramente inquietante y hermosa».

El mayor de los Safdie también comentó otro de los grandes momentos en los que el Light Ranger 2 hizo su magia:

«Hay otro plano cerca del final en el que Howard está prácticamente en éxtasis. En el guión, se está escrito ‘ILOVEYOU ILOVEYOU ILOVEYOU ILOVEYOU’. Cuando empezamos a hacer el blocking, Sandler pensó que podría zarandearse hacia delante y detrás —en el mismo plano—, pero en el calor del momento, decidió correr en pequeños círculos concéntricos mientras gritaba su frase. Es algo muy difícil de controlar en lo que respecta al foco. No sé si pudiésemos haberlo hecho sin el Light Ranger».

El caso del Light Ranger 2 no es más que la enésima muestra de que la tecnología siempre debería estar al servicio de la narrativa —y no a la inversa—, y de que sin grandes cineastas, técnicos y profesionales con una visión y unos objetivos claros, los avances y materiales de los que se disponga son completamente irrelevantes.

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